Frufrú
¿y si todo el mundo tuviera que regalarte un poema para poder entrar a la fiesta del fin del mundo? Felices veinticinco.
Ella se quitó la ropa a contraluz como sólo sabría hacerlo
una de nuestras barely legal little goddess.
Mi madre hubiese tenido una palabra perfecta para ese momento
(frufrú:
la canción de la seda en su itinerario a ras de la piel desnuda);
mi madre tenía palabras perfectas para cualquier esquina del universo,
guardadas todas en las casillas de un autodefinido,
y sin embargo no voy a llamarla orgulloso de haber encontrado esta
tan lejos del lugar de mi infancia en el que la dejó.
El caso es que ella estaba desnuda
y fuera llovía como sólo lo hace en las películas
y alguno de los dos entonces
debería haber encontrado en el guión
una de esas líneas que llenan los pósters de las paredes
(ya sabes, como
no me acuerdo de olvidarte),
pero el beso fue tan inmediato que la quemarropa
nos soldó una lengua sobre la otra
hasta que la mañana siguiente
murió de mediodía.
Teníamos entonces veintitrés años
(de media,
porque cuando llegamos al final
nos habíamos intercambiado hasta las primaveras).
Ella se quitó la ropa a contraluz como sólo sabría hacerlo
una de nuestras barely legal little goddess.
Mi madre hubiese tenido una palabra perfecta para ese momento
(frufrú:
la canción de la seda en su itinerario a ras de la piel desnuda);
mi madre tenía palabras perfectas para cualquier esquina del universo,
guardadas todas en las casillas de un autodefinido,
y sin embargo no voy a llamarla orgulloso de haber encontrado esta
tan lejos del lugar de mi infancia en el que la dejó.
El caso es que ella estaba desnuda
y fuera llovía como sólo lo hace en las películas
y alguno de los dos entonces
debería haber encontrado en el guión
una de esas líneas que llenan los pósters de las paredes
(ya sabes, como
no me acuerdo de olvidarte),
pero el beso fue tan inmediato que la quemarropa
nos soldó una lengua sobre la otra
hasta que la mañana siguiente
murió de mediodía.
Teníamos entonces veintitrés años
(de media,
porque cuando llegamos al final
nos habíamos intercambiado hasta las primaveras).
Comentarios
(y resto ni lo comento)
^_^
El caso es que siempre, siempre, fuera llueve no sé si como en las películas o como en Salamanca o quizás Madrid, pero si, era el momento de decir no me acuerdo de olvidarte.
Ay... que 25 suspiros
Besos!
Escuché también que todos estos poderosos hombres fueron pillados (en mayúsculas) mientras planeaban (en el limbo)una fiesta nuclear del fin del mundo.
Pero como digo, soy incapaz de recordarlo (rápidamente)...
Maldita bradipsiquia...
Así da gusto llegar a los 25.
Nos vemos en horas
Gracias por decirme una tienda de té en Madrid porque la verdad que aún ando un poco pez, me voy en una semana y me da un poco de respeto. Voy a estar más perdida...
Por cierto, ¿al final compraste algo?
Desde Londres sigo leyendo tu blog, hay cosas que no pretendo olvidar.
Anaïs
* té de caramelo: 23 siempre fue uno de mis números preferidos.
* adictaacruzarenrojo: los meteorólogos y los habitantes de los sextos pisos son los únicos que pueden matarte con una granizada en la cabeza. piensa sobre ello.
* moncho: que te quiero, eh
* té de caramelo: no, simplemente sé que está al lado de mi trabajo
* la pequeña lo: pues pareces muy dura como para matarte así como así. Lo tomaré como un piropo
* anaïs: si lo hubieras dicho antes, te hubiera encontrado en Londres en agosto...
Ay, el frufrú, cómo me gustan las palabras que hacen cristalizar los sonidos...
Sigue así, un saludo ;)
David F.